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La Imagen poética.
Julián Malatesta
Los
poetas latinoamericanos
buscan situarse en lo que
podríamos denominar el campo
de operación de la metáfora.
Ya no la conciben como
traslación, epíphora, en el
sentido aristotélico: el
nombre de una cosa
trasladado a otra, de la
especie al género o del
género a la especie; ni como
un tropo que sucede en la
palabra o que es el simple
nombre en la propuesta
platónica; tampoco les es
suficiente la idea según la
cual, el hecho metafórico
acontece en la oración, al
decir de Ricoeur, o que es
el resultado de una
interacción de un enunciado
directo y de uno indirecto
cuya significación es
simultánea, quizá sea ,esta
la acepción de Black, ya
presente en la teoría de los
actos lingüísticos
desarrollada por Austin y
Searle. La metáfora es
entendida, básicamente en su
dimensión plástica, como
proceso de construcción de
la imagen. Por ello, poco
importa si se halla en la
palabra o en la oración,
pues su eficacia no depende
de la emisión de un
significado, la imagen es el
poema mismo en su proyección
extensiva y en sus
restricciones formales.
Dicho de otra manera, los
límites lingüísticos o las
funciones lógicas del
lenguaje son subsidiarios de
un hecho superior: la
elaboración de la imagen.
Esto hace que el lenguaje se
concebido no simplemente
como representación sino
como constructor de lugar,
en una dimensión espacial
capaz de crear territorios,
volúmenes, colores y
texturas cuya condición
verosímil es perfectamente
aceptada por el episódico
lector.
J. M. |